viernes, 10 de agosto de 2012

Amistad


"Las extrañas e inquietantes experiencias de Pompilio"

-Hola Antonia. ¿Qué tal?
-Bien hijo, tirando que no es poco.
-Mira a ver si hay algo.
-…No hay nada, lo siento.
-A volver a echarlo entonces.
-Son…8 euros.
-Toma. Venga, gracias. Hasta luego.
-Suerte. Adiós.
Todos los martes la misma rutina, la misma administración, la misma corta e insípida conversación y la misma desilusión, lo único que variaba era la hora. Llevaba años jugando los mismos números, pagando la misma cantidad de dinero, más un euro de propina para Cándido, un sin techo, bastante mayor, que solía sentarse en una silla, en la equina del local deseando a todo el que entraba o salía, buena suerte. Era un buen sitio para pedir, aunque él hombre no lo hiciese nunca, principalmente porque no le hacía falta, casi todos los días algún afortunado, indiferentemente de lo que ganaba le entregaba algo de propina. Hasta los más desgraciados, los que llevaban meses sin ver siquiera un pobre reintegro, le dejaban algún dinerillo por si les traía suerte. A Pompilio le pasaba lo mismo, aunque apenas llegaba al fin de mes con lo que cobraba de paro, el presupuesto de una semana para la lotería más el euro adicional no se vieron alterados. La mayoría de las veces se quedaba un rato para hablar con Cándido, que tenia la cualidad poco usual de saber escuchar y de saber decir las palabras que uno esperaba y necesitaba oír. Nadie sabía con exactitud cómo ese hombre mayor, culto y sobre todo sobrio había llegado en esa deplorable situación. No sabían porque les importaba un pepino, contribuir con una moneda de vez en cuando era más que suficiente para poder sentirse en paz con sus benéficas almas. Pero no para Pompilio, su inquieto carácter siempre buscaba la satisfacción en lo extraño, donde todos veía normalidad él buscaba el misterio, por donde todos pasaban mirando al frente él indagaba entre las huellas. Cándido había aparecido en esa esquina justo unos días antes del divorcio de Pompilio. Al principio eran solo saludos, luego los saludos se vieron acompañados de dos o tres palabras, hasta que al final llegaron a contarse uno a otro sus penas, algún que otro chisme y finalmente sus vidas. Pero ese martes la rutina se vio alterada. La silla de la esquina faltaba igual que su dueño. Al salir de la administración y mientras intentaba tranquilizar a su amigo can, que saltaba denunciando a ladridos su breve ausencia, Pompilio miró contrariado el sitio vacío con la extraña sensación de que allí faltaba algo, como si alguien hubiera cambiado de lugar algún mueble que llevaba en el mismo sitio más de 3 años. Abrió la palma de su mano y contempló el euro que tenía preparado para entregárselo a su… Se lo pensó unos segundos, no estaba seguro de cómo calificar a Cándido. ¿Era solo un conocido con el que hablaba porque no tenía nada mejor que hacer o era un amigo que hasta ese mismo instante no sabía que tenía? Una persona que estaba dispuesta a escuchar todas las chorradas de la vida de otro, aconsejarle y alentarle siempre con palabras apropiadas por solo una triste moneda a la semana era definitivamente un amigo. Pompilio cerró el puño y se lo llevó al bolsillo del pantalón dejando que la moneda se escurriera dentro, miró otra vez el desierto de la esquina y preocupado se encaminó hacia su casa. Al día siguiente y luego al próximo las veces que sacaba al chucho a pasear volvía a pasar por delante de la tienda pero Cándido continuaba sin aparecer. Pompilio preguntó si sabían algo sobre su amigo a la dueña de la administración y a Puri, su vecina cotilla, pero las dos le contestaron de la misma manera, frunciendo los labios y levantando los hombros. Nadie sabía nada sobre el paradero de Cándido.
El viernes por la mañana justo cuando se disponía a salir con su fiel amigo a pasear, el timbre de su piso sonó inesperadamente. Cerró la puerta de paso al salón, delante de las narices de Belle, que no paraba de ladrar sobreexcitado y abrió la puerta. Un repartidor de correo urgente le entregó un gran sobre amarillo por el que firmo con bastante recelo y solo después de ver el nombre del remitente. Cerró la puerta y con el sobre en las manos pasó al salón y se sentó en el sofá mirando asombrado el nombre del expedidor: Cándido Medina Alor. Abrió frenéticamente el sobre con el hocico investigante del perro de por medio. Dos fajos de billetes de 500 euros y una nota se materializaron bajo su incrédula mirada entre las trizas de papel amarillo. Contempló los billetes con ojos desorbitados y luego la nota que seguidamente empezó a leer.

“Querido amigo. Solo quería que supieras que estoy bien y de camino a las islas Seychelles, un viejo sueño mío. En todos estos años cada semana, aparte de tu grata compañía me entregabas un euro, cosa que he apreciado siempre pero dada nuestra amistad me parecía fuera de lugar. Para evitar posibles malentendidos decidí no decirte nada e invertir ese eurillo en una apuesta semanal en La Primitiva. La semana pasada el gran bote fue a parar en los números que me había expendido la maquina. Desde el día que aparecí en esa esquina me has entregado un 0,5 % de tu ganancia mensual indiferentemente de tu situación. Aquí tienes 50.000 euros, son el 0,5 % del boleto ganador, es mi regalo para ti para que puedas abrir esa Cookielandia con la que sueñas. No sé cuando volveré pero espero seguir contando con tu amistad cuando lo haga. Un abrazo amigo.”

15 comentarios:

Carolina dijo...

Es fabuloso, Pompilio sí tiene un amigo! sorpresas te da la vida... esta buena historia me hizo recordar a una pelicula antigua, se llama "Que Dios se lo pague".
Un beso y un abrazo.

el7ºdeyahve dijo...

amigo sheol, la vida tiene esas facetas, cuando vamos de heroes a ver si ganamos, nos olvidamos que la suerte es eso suerte y que no es cosa de gastar mucho todos los dias si no que es de tener ese dia de luz y acertar, buena historia, aunque seguro que en algun lugar sera real como la vida misma.

un abrazo amigo de este condor volador y se feliz.

Ale C. dijo...

Yo ya quiero saber que es lo que hace con ese dinero, espero lo sepa invertir para poner un buen negocio :D

Muchos saludos y nos estamos leyendo ;)

Sakkarah dijo...

No sé si en la realidad pasan cosas así; pero deberían pasar...

Me ha encantado leerte, haces los escritos muy atractivos.

Un beso

NuriaLourdes dijo...

Hola Sheol. Felicitarte por esta hermosa historia. He quedado gratamente sorprendida y emocionada al leerla.
Te dejo una alfombra roja a tu talento.
La "Amistad" es un don maravilloso y contar con amigos como Cándido es genial.
Abrazos!

Mi Álter Ego dijo...

Parece que la suerte le empieza a sonreír a Pompilio!!!! Qué majo, Cándido... Estas historias tendrían que suceder a diario. Un besote!!!

Candela dijo...

Moraleja: A la suerte hay que darle siempre un empujoncito..

Ser buena gente es gratis y, en ocasiones, te depara agradables sorpresesas.
;)

Buen finde Sheol13

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

¡Hola Sheol! preciosa historia sobre la trascendencia, a veces infravalorada, de la amistad. Que bellísimo epílogo con esa glosa final que narra la historia de una bella amistad. En este caso el dinero es fuente de unión y armonia, y no dispustas, desgracias y tensiones. Me ha gustado, gracias por tu largo recorrido junto a mi lado, leyéndome y yo leyéndote a ti. Un abrazo

Esilleviana dijo...

La suerte llega así, sin pensarla y sin contar con ella. La contribución desinteresada de Pompilio logró que Cándido viajara y aprendiera a vivir de otra forma... parece un sueño muy real, no crees?? sería posible que esto le ocurriera a alguien? puede que sí...

un abrazo escritor :))

Citu dijo...

Muy dulce historia la amistad ve más allá de todo. Un beso y te me cuidas

Sor.Cecilia Codina Masachs dijo...

Precioso relato mi querido Sebas, muy humano, sensible y aleccionador.
La vida es una escuela de amor, aunque tengamos que pasar por contrariedades que nos roben la vida los poderosos, siempre habrá buena gente que aprecie la bella amistad.
Gracias.
Te dejo mil besos de ternura
Sor.Cecilia

luna dijo...

Bellisima historia ...
Gracias por estar Sheol.
Mil besitos y perdona por mi ausenzia.

algamarina dijo...

Me encantó, como siempre, amigo!

Un placer saludarlo desde mis mareas azules...

fus dijo...

Creo que estas cosas podrìan pasar en la realidad.

un abrazo

fus

María dijo...

Me ha encantado tu relato, y es que los buenos amigos siempre están cerca para ayudar.

Un beso.