martes, 24 de julio de 2012

El milagro de Navidad (Re-Post)


"Las extrañas e inquietantes experiencias de Pompilio" 

"El milagro de Navidad"

Ya estaba bien por hoy. Recogió el dinero que le habían echado encima de la funda y se lo metió en el bolsillo, luego guardó la guitarra y se encaminó hacia las taquillas. Para un 24 de diciembre no había sacado lo que había pensado que iba a sacar. Desde que le echaron del trabajo no había levantado cabeza, estaba cansado ya de dejar por lo menos 50 currículos todos los días y nada, ni una llamada, ni una pobre entrevista. El paro no era ni la mitad de lo que ganaba trabajando y se le iba casi todo en facturas, así que, un día después de dejar otros 50 currículos, decidió que ya estaba bien por ahora y que se dedicaría una temporada a tocar la guitarra como en los viejos tiempos, cuando no tenia trabajo, ni paro y sacar un dinerillo extra ahora, con las navidades. Claro, entonces con la peseta sacaba al día de sobra para todo los gastos y la gente también era mas amable y generosa. Pero los tiempos habían cambiado, la vida había cambiado, su vida había cambiado. Se saco un billete de la maquina, cogió el metro y pa casa. El viaje duraba como 45 minutos y siempre iba medio dormido, como era la ultima parada aunque se quedase dormido, alguien siempre le despertaba. Pero hoy el tren estaba a rebosar, hoy sentarse ni soñando. La muchedumbre hablaba fuerte, se les veía satisfechos y alegres y a alguno ya, un poco achispado. A el no le esperaba nadie en casa, las navidades las iba a pasar solo este año. Si se hubiera ido al pueblo, todo el mundo no hubiera hecho mas que preguntarle sobre su ex, sobre su trabajo que ya no tenia y sobre su patética vida. Era mejor así, ya vera, igual la noche-vieja la pasará en la casa de su vecino, o vecina aun no sabia muy bien como calificar a Andreea, que le invito el otro día a la fiesta de despedida del año, que celebraba en su casa. Llego a su destino cansado, salio del tren y subió a la superficie. Hacia mucho frió en la calle y encima estaba nublado. 20 minutitos mas y ya estaría a cobijo, en su casita. Le animo la idea de la noche-vieja, allí de fiesta con toda esa gente rara, el también era bastante rarito, a lo mejor por esas razón le caía bien a Andreea. Era un buen tío o tía, que mas daba, era una buena persona, que siempre estaba dispuesta a ayudar a quien fuera. Empezó a chispear, no le gustaba que lloviera en invierno, como era del norte le gustaba la nieve y en Madrid pocas veces nevaba y cuando lo hacia duraba demasiado poco para su gusto. El chispeo poco a poco fue aumentado de velocidad, hasta que se transformó en lluvia, menos mal que había llegado al portal antes de que se empapara.

Entro y subió a su piso. Abrió la puerta de su casa y encendió la luz del hol. Se quito la chaqueta y los zapatos, coloco la guitarra encima del zapatero y se dispuso a entrar en el salón. Un pequeño ruido, que no pudo identificar, procedente del salón le hizo dar un saltito. La habitación estaba a oscuras, tanto por las persianas que estaban bajadas como por la hora y también por que afuera estaba nublado. Se acerco despacito y empezó a escudriñar la habitación, pero otro ruido al lado del sofá le hizo retroceder. Cogió la guitarra por el mástil y volvió a encaminarse hacia el salón.
- ¿Hay alguien? se avergonzó de la voz trémula que le salio tímidamente por la garganta, así que repitió la pregunta con mas convicción.
- ¿Hay alguien?
Su mano buscaba sobre la pared el interruptor que parecía haber desaparecido en el peor momento. El la oscuridad del habitáculo justo delante de sus ojos diviso dos puntitos centelleantes, dos esmeralda ¡dos ojos de que le miraban fijamente! Su mano dejo de buscar el interruptor mientras soltaba un grito de desesperación:
- ¡Socorro!
Tiró la guitarra hacía los que le asechaba en la oscuridad, se dio media vuelta, abrió la puerta y salio atizandola con todas sus fuerzas.
- ¡Socorro! no dejaba de gritar mientras golpeaba la puerta de enfrente con los puños. La puerta no tardo en abrirse.
- ¿Que ocurre Pompilio, que te pasa? Tranquilizate hombre, que te va a dar un ataque.
- Menos mal que estas todavía en casa Andreea, por favor ayudame, hay algo en mi casa, un animal o algo, no llegue a ver lo que era, pero esta allí, le he escuchado moverse por la casa y he visto sus maléficos ojos en la oscuridad.
- Hombre de Dios, tranquilizate, que seguro que no es lo que crees que es. Ya veras como no es nada. Venga, dejame las llaves, entraré a ver que hay allí dentro.
- ¡Mis llaves! Las he dejado dentro, vaya por Dios. Y ahora que hago. ¿Llamamos a la policía, a los bomberos y una ambulancia por si alguien resulta herido? chillo desesperado Pompilio
- Ya esta bien. Ves los impulsivo que eres cuando te pones nervioso, ¿quien mas tiene las llaves de tu piso? ¡Piensa!
- ¡La Puri!
- La Puri, si hasta yo lo sabia, has visto. Vamos a llamarla, para que suba con las llaves.
- No me dejes aquí solo, te lo suplico, empezó a lloriquear Pompilio.
- La llamo al teléfono, no te preocupes, le contestó mientras se sacaba el móvil del bolsillo. Buscó unos segundos el numero en la agenda y llamó
- Hola Puri, soy Andreea. Mira, podrías subir un momento con las llaves de Pompilio. Sabes, la ha liado como siempre y se ha dejado las llaves por dentro, encima esta super asustado por encontrar algo extraño en su casa.
- Ahora sube. ¿Estas mejor? le pregunto.
- Si, perdoname, me alteré mucho, igual no es nada, solo mi imaginación. Ni siquiera te he dicho lo bien que te queda la ropa de fiesta que te has puesto.
- Gracias, ya veo que estas mejor. Mira aquí esta Puri, comento Adreea mientras la puerta del ascensor se abría. Efectivamente allí estaba Puri con una gran sonrisa dibujada en su rostro, perfectamente maquillado.
- ¿Que te ha pasado Pompilio? La has vuelto a liar, vamos a abrirte la puerta que me tengo que ir. Ya sabes la cena, esa cena en la que no has querido participar, todavía sigue en pie la invitación, solo estaremos yo con dos amigas miás.
- Gracias Puri, te lo agradezco de veras, pero ya sabes que yo no pinto nada ahí. No, no, no, no te dejare entrar, es peligroso, salto Pompilio al ver que Puri estaba por entrar en el piso.
- Dejame a mi, Puri. Yo entraré, no pasa nada Pompilio, le dijo Andreea al ver la cara de preocupación que tenia el hombre.
- Ten cuidado Andreea, vale, a lo mejor esta herido, le he tirado la guitarra y creo que le he dado.
- ¡Has hecho que! gritaron a unisono las dos mujeres mientras Andreea. se apresuraba a entrar en el piso. Cerro la puerta tras ella.
- ¿Puri, por que ha cerrado la puerta, y si le pasa algo, ahora si que no tenemos llaves?
- Tranquilo, ya veras como dentro de nada sale, sana y salva, le contesto Puri.
Y realmente lo hizo. Andreea abrió la puerta sonriendo con culpabilidad.
- Ya puedes pasar, no hay peligro alguno, solo ha sido un milagro de Navidad.
- ¿Un milagro de Navidad? pregunto Pompilio mientras que se encaminaba incrédulo hacia el salón, seguido de cerca de Purificación.
El salón estaba cubierto de plumas, como si la Navidad hubiera entrado con su nieve pidiendo protagonismo. Entre las plumas, aparte de las dos fundas de almohada hechas polvo, se veían trozos de pollo asado y alguna patata, también asada. Hasta pudo divisar un trozo deforme de tarta encima del sofá. La guitarra estaba recogida y descansaba sobre el sillón.
- ¿Que ha pasado aquí? balbuceó Pompilio.
- ¡Ay por Dios! se escucho a Puri detrás. ¿Que es lo que hemos hecho?
- Lo habéis hecho vosotras, por que, por que, empezó a lamentarse Pompilio, no tengo bastante con... ¿Y esa caja blanca con lacitos rojos que esta debajo del árbol? pregunto de repente Pompilio.
- Ese es el milagro, ¿por que no te acercas y miras lo que hay dentro?
Pompilio cruzó con cuidado el salón para no pisar los trozos de comida que estaban por todas partes y se acerco a la caja. Le quito la tapa que los lacito por alguna razón ya no la sujetaban. Al ver el contenido, las olas de preocupación que desde hace unos meses reinaban su frente, poco a poco se fueron disfulminando. Las dos puntas de sus labios que llevaban tiempo direccionadas hacia el sur, de repente cambiaron de rumbo hacia al norte, dibujando una gran sonrisa en su rostro. Metió las manos en la caja y saco la bola de peluche, que se hallaba dentro.
- Es un mestizo de labrador con alguna clase de pastor, no sabemos exactamente. Como sabíamos que te gustan los perros, Puri y yo, pensamos que te alegrarías y que por lo menos ya no estaría siempre solo, dijo Andreea. Le adoptamos de una perrera. Me aviso una amiga mía, que es voluntaria, si no quería alguno. Encontraron cinco en una bolsa de basura en una cuneta, solo sobrevivieron dos, un macho y una hembra. Entonces se me ocurrió, como siempre contabas historias sobre ti y tu perro de cuando eras pequeño y lo mucho que añorabas volver a tener uno, hable con Puri y entre las dos te preparamos esta sorpresa. Tiene que haber un nota por aquí, donde te explicaba todo esto, pero a ver quien la encuentra ahora, con todo este desastre.
- Y además te preparé un pollo asado con patatas y una tarta, pero no se como milagros salio el chucho de la caja y se encargo de la comida. Y eso que estaba atada la tapa con unos lacitos, completo Puri.
- Y que mas da chicas, es el mejor regalo de Navidad que me han hecho nunca, tengo un perrito, un perrito que yo por mi cuenta nunca me atreví a coger. Le voy a llamar Belle Ami. Y Puri, si no te importa, pon un cubierto mas sobre la mesa, por que me parece que cenaremos contigo y con tus amigas. ¿Verdad Belle?Gracias chicas, vosotras sois el milagro, por ser como sois.
Con el chucho en sus brazos y con la felicidad en su alma, Pompilio se acerco a sus amigas, las abrazo y exclamo como nunca lo había hecho desde hacia años:
- ¡Feliz Navidad!


Texto: Sheol 13
Ilustraciones: Ale

3 comentarios:

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

¡Hola Sheol! un poco anacrónico, ¿no? la Navidad está lejana, pero igualmente es un tema que siempre da mucho juego, un tema del que uno puede sacar siempre bellas composiciones poéticas o de pura prosa, por entrañable esa época, por significativa. Me ha gustado mucho, está muy entretenido, con ese espeluzne de Pompilio cuando cree que hay alguien en casa. Tiene sus momentos de magia y tensión, con ritmo y sin flaquear. Un saludo

Sheol13 dijo...

Acabo de volver a publicar todos las antiguas peripecias de Pompilio, para que vosotros también podáis disfrutar, como yo lo hice, de los regalos que recibí de mi amiga Ale en forma de dibujos para cada uno de los relatos, para que mis letras no se sientan solas cuando nadie las lee. Un abrazo para todos mis lectores y otro para ti Ale, eres la mejor.

Ale ;) dijo...

Para mi fue toda una grata sorpresa toparme con todas estas entradas.
Gracias por los abrazos y los halagos, nos estamos leyendo.

Un fuerte abrazo, un par de besos y los mejores deseos para ti y todos los que te rodean ;)