jueves, 7 de octubre de 2010

La carroza del Lord Forensite

Del ciclo "Un Chorro de relatos" por Alberto López Chorro(mi gran amigo, por si alguien no lo sabia) hoy he elegido "La carroza del Lord Forensite".


                                               La carroza del Lord Forensite

Estaba siendo un día caluroso de finales del mes de junio. El campo estaba repleto de flores, mirases a donde mirases sólo se veía verde. Las ovejas pastaban a sus anchas, no se desperdigaban mucho, de esos se encargaban los perros, por qué el buen pastor, un joven de 17 años, de pelo lacio y moreno, complexión delgada y nariz prominente, estaba tumbado sobre la hierba, bajo la sombra de un roble.
Aquel día no tenía pinta de ser diferente a los demás, había madrugado, como siempre, había almorzado pan con tocino, acompañando la comida con vino que llevaba en una bota de piel de cordero, y ahora tocaba dormir el resto del día, hasta la caída del sol, que debía volver con el rebaño. Un típico día de pastoreo.
El ruido de varios caballos al trote, y de ruedas de carro chirriando, le despertó. No era habitual que se escuchasen esos sonidos por aquellos parajes, lejos de todo camino, sin duda, quienes se acercaban, estaban perdidos. El joven pastor se incorporó y cogió una vara que solía llevar consigo y que se hizo del mismo árbol bajo el que descansaba, podía tratarse de ladrones de ganado y con el arma improvisada les plantaría cara. No muy lejos divisó a tres jinetes que escoltaban un carro tirado por dos caballos blancos. Forasteros perdidos, debían de haber salido del camino en algún momento del viaje y ahora deambulaban por el campo sin saber por donde ir. El joven pastor se dejó ver, alejándose un poco del árbol y la comitiva se encaminó hacia él. Al acercarse pudo ver lo bien cuidados que estaban los caballos, los dos blancos que tiraban del carro tenían hasta trenzas adornadas con tiras de colores. En el carro se notaban las manos de un maestro artesano, que había labrado en la madera bonitos adornos, los que pudo ver bien, eran bestias increíbles, uno era un caballo alado, con un cuerno en la frente, otro era un lagarto que escupía fuego por la boca. También acertó a ver una especie de caballo de cuello muy largo, cabeza pequeña, tocada con dos pequeños cuernos, y una cola chiquita. ¿Qué clase de mente retorcida podía imaginar aquellos seres para plasmarlos en una carroza? Aunque la verdad es que quedaban bien en su conjunto. Pero lo que más llamó la atención del joven pastor fueron los jinetes, eran caballeros. Llevaban una reluciente cota de malla, de la cabeza a la cintura, una larga espada de ancha hoja, colgada del cinturón en el lado izquierdo y una daga de 15 centímetros a la derecha. Botas de cuero marrón, con algo de polvo en la puntera. El que iba detrás del carro, además llevaba un arco a la espalda y un puñado de flechas en el carcaj que colgaba bajo su brazo derecho. Los tres jinetes llegaron junto al pastor, el que debía de tener mayor rango de los tres se dirigió a él.
-“Que la paz sea contigo, joven pastor”- Le dijo muy gentilmente.
-“Lo mismo os digo noble caballero, ¿Puedo ayudarles en algo?”- Normalmente el pastor no hablaba así, pero de sobra es sabido que a los caballeros hay que tratarles con mucho respeto, o de lo contrario se podían sentir ofendidos.
-“Pues la verdad es que sí, llevamos varias horas por estos campos y no damos con el camino del castillo del Lord Forensite, ¿serías tan amable de indicarnos por donde ir?”- Se notaba, por su forma de hablar, que no eran de por allí, por su forma de hablar y por qué andaban perdidos.
-“Por supuesto nobles caballeros, pero el castillo está a más de una jornada a caballo, quizás prefieran pasar la noche en una posada del pueblo y mañana continuar su camino.”- El joven pastor no quería dejar escapar la oportunidad de quedar bien con el posadero del pueblo, pues éste tenía dos hijos varones, ya mayores y una hija de 16 años que era el ser más angelical que aquel humilde pastor había tenido el placer de ver y aspiraba a casarse con ella, pero sus hermanos no le dejaban ni acercarse a hablarle. Así que se le pasó por la cabeza que si llevaba a los caballeros a la posada quizás cambiase su suerte.
-“Tu propuesta es interesante, pero no podemos demorarnos mucho más en llegar al castillo. Se me ocurre otra solución. Debemos dar descanso a los caballos y comer algo antes de continuar, así que si nos permites hincarle el diente a uno de tus corderos y después nos llevas al castillo, te recompensaré.”- El caballero miraba desde lo alto de su caballo al joven pastor, imponente a más de dos metros de altura, cómo iba a decirle que no, pero debía negarse, los animales no eran suyos, y después de comerse uno tenía que llevarles al castillo, abandonando a las demás durante la noche, no podía hacer eso.
-“Noble caballero, no puedo abandonar a los animales durante la noche para llevarles al castillo, serían devoradas por los lobos, y el ganadero me desollaría y colgaría mi piel a secar.”- El caballero desde lo alto de su caballo se rió. Aquel pastorcillo le tenía más miedo al dueño de las ovejas que a él, cuanto menos era cómico.
-“No temáis por eso y elige un buen animal y cocínalo”- El caballero giró su caballo y se dirigió a los otros dos.
-“Lanzer pon la carroza a la sombra del árbol”- Lanzer era el que llevaba el arco, debía de ser el que menos grado tenía, obedeció sin más.
-“Tu monta guardia hasta que esté la comida”- El caballero al que acababa de mandar hacer guardia, asintió con un leve gesto de cabeza, azuzó el caballo y se pudo a dar círculos alrededor del improvisado campamento. Lazer cogió del bocado a uno de los caballos blancos y acercó la carroza a la sombra del árbol. El joven pastor eligió un cordero no muy pequeño, ni muy grande, lo suficiente para los cuatro, pensó “que diantre si se lo van a comer, yo también quiero”.
Sentados alrededor del fuego y con el cordero dando vueltas sobre las ascuas, el joven pastor no pudo reprimir las ganas de preguntarles sobre la carroza, ahora sería fácil sacarles información, después de beberse su vino, tenían el paladar caliente y la lengua suelta.
-“Bonita carroza. El maestro artesano debía de ser un hombre con mucha imaginación para inventarse esos animales tan extraños”-
Los caballeros se miraron asombrados, y se echaron a reír, debía de ser algo muy gracioso lo que acababa de decir el pastor, pero él no alcanzaba a ver la gracia. El joven Lanzer tenía un trozo de asado en la boca cuando rompió a reír y casi se atraganta. El que hizo la primera guardia sentado junto al pastor, enfrente de Lanzer, tenía la bota de vino vertiendo líquido sobre su garganta, al ver que su compañero se atragantaba con la carne, le dio un golpe de risa y el vino se le fue por otro lado, escupiéndolo sobre la cara de Lanzer, el jefe de los tres no paraba de reír, y más cuando vio lo que se había formado con sus subordinados. El buen pastor no daba credito, no acababa de entender todavía la gracia de sus palabras, pero se contagió de la risa de sus compañeros de mesa. Un rato más duraron las risas que se fueron diluyendo poco a poco, hasta el punto de no saber de qué se reían.
-“Bueno ¿y que trae a tres caballeros a deambular por el campo con semejante carroza?”-
El que era el jefe de los caballeros, le miró a los ojos y se puso a hablarle despacio.
-“Pues si tanto te interesa te lo voy a contar. Vamos de camino al castillo de Lord Forensite, esta carroza es un regalo de un rey de África, los animales que ves en ella labrados son oriundos de allí, de esas tierras lejanas y en nuestro camino al castillo, hemos pasado y parado en multitud de pueblos y dormido en varias posadas, unas buenas otras no tanto.”-
El caballero le dio otro mordisco al trozo de carne que tenía en las manos y continuó hablando con la boca llena.
-“En el último pueblo por el que hemos pasado, hemos parado en la posada, ayer noche, era bastante tarde. No cenamos nada bien por cierto, nada que ver con tu asado”-
Le pidió la bota de vino a su compañero y echó un trago largo, luego continuó su historia, que tenía intrigado al pastor.
-“La verdad es que nos molestó bastante que la comida no fuera buena y para colmo de males los lechos tenían más pulgas de las aconsejables. Lo cierto es que cuando nos levantamos con las claras del sol, el posadero, un hombre rechoncho de escaso pelo no solo no quiso cobrarnos, sino que nos ofreció un trabajo, una cosa fácil que no pudimos rechazar.”-
El joven pastor estaba anonadado, el posadero era rechoncho y de poco pelo, se parecía mucho al padre de ese maravilloso ángel del que estaba enamorado.
-“¿Qué puede querer un posadero de tres grandes caballeros como ustedes?-
Le preguntó el pastor que no alcanzaba a ver que podían requerir de tres caballeros si no era luchar en la guerra.
-“Pues verás nos dijo que un joven del pueblo andaba molestando a su preciosa hija, faltándole el respecto en alguna ocasión, intentando abusar de ella a la menor oportunidad, con el único fin de disfrutarla y no de desposarse.”-
-“Pero que poca vergüenza”- Alcanzó a decir el pastor.
-“Si, poca vergüenza, es una forma de decirlo, bueno lo cierto es que el posadero nos ha contratado para que ajusticiemos a ese joven, y por eso estamos aquí”-
-“Ya, y se han perdido por el campo mientras lo buscaban ¿ o qué?”-
Preguntó el pastor.
-“Oh!, no nos hemos perdido, sabíamos donde encontrarle, el posadero nos informó de su paradero, aunque si que es cierto que no conocíamos el camino para llegar hasta el castillo desde aquí”-
-“¿Y que le harán cuando le encuentr. . . .?”-
El pastor no terminó la frase, sintió una punzada en la espalda a la altura del pulmón derecho, la boca se le llenó de sangre, el aire comenzó a faltarle, los pulmones se le inundaron. La falta de oxígeno le provocó un desmayo del que no volvió a despertar. Lanzer sacó su puñal de la espalda del joven pastor y la limpió con el chaleco de piel de cabra que llevaba puesto.
-“Ensillar los caballos, nos vamos, quiero llegar al castillo lo antes posible. A ver si nos dan un trabajo serio y dejamos de hacer de niñeras de este carromato”


por Alberto Lopez Chorro


6 comentarios:

Javir dijo...

Nunca me ha gustado comer con desconocidos, no sabes cuándo van a sacar la daga y estropearte la digestión.

Un abrazo, sheol. Y un saludo a tu amigo Alberto.

Jose Antonio dijo...

interesante relato, y es que eso pasa por permitir que te pastoreen tu rebaño y encima te comas una oveja, ¡vaya pastor!

APU dijo...

por eso cuando viajo en carroza siempre paro a comer en un McDonals, el empleado está detrás de la barra y por lo menos tienes tiempo de salir por piernas.
buen relato!

sheol13 dijo...

Hola Javir, yo soy muy tímido y me sienta muy mal sí como con alguien que no conozco, si voy a un cumpleaños o alguna fiesta, me muero de hambre.Un saludo.

sheol13 dijo...

Hola José, la verdad es que uno no puede ser amable o buena persono que luego te tachan de pringado y en algunos casos te la clavan cuando menos te lo esperas. un saludo.

sheol13 dijo...

Hola Apu, lo mejor es el MC auto allí si que estas a salvo dentro de coche, el tio detras de la ventanilla, al no ser que eres protagonista de una peli de terror. Un saludo.