sábado, 7 de agosto de 2010

Esos seres...

"Juan quiere a Marta"

Eran las 5 de la tarde y el parque estaba poco animado. Por uno de los senderos iba paseando un chaval de unos 14 años mirando atento el entorno. Parecía buscar algo o a alguien. Hacia una tarde idonea para dar un paseo. De repente el joven desvío su camino hacia el centro de arboleda. Al pasar al lado del cartelito “Prohibido pisar el césped” le tumbo de una patada. Tenia que estar cerca lo que andaba buscando por su actitud cada vez más alerta.De repente se paró. Allí estaba, le había encontrado. Estaba a unos escasos metros delante de sí. Metió la mano en el bolsillo derecho y saco la navaja. Se le acerco indiferente y se situó justo delante de él. Agacho la cabeza meditabundo mirando sus manos inquietas que abrían y cerraban la navaja. Ya lo tenia. Levanto sosegadamente la navaja hasta la altura de su hombro y se la hundió un par de centímetros. El ni se inmutó. Estaba acostumbrado ya al dolor . El tiempo le volvió inmune. Seguia allí de pie, majestuoso, en el mismo sitio donde hace más de un siglo alguien le dio la vida, mirando desafiante al chaval que seguía clavando y rasgando su corteza centenaria. Su ignorancia no le dejaba ver más allá de su navaja, que movía de arriba para abajo frenéticamente. Al acabar la tarea se alejó unos pasos del viejo olmo sin dejar de mirar su obra de arte.
“Juan quiere a Marta”, allí estaba, encima de sus anteriores obras, esta otra, la más bonita de todas.


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Al ser humano le gusta marcar su territorio y dejar huella por donde pasa, para que su miserable existencia no pase inadvertida. Igual que los perros marcan su territorio orinando y los gatos rasgando o frotando los objetos que les rodean, los humanos hacen cada uno lo que mejor sabe para satisfacer su lado indomable e inquieto.Algunos dejamos nuestra huella en la red a través de la capacidad creativa de cada uno.Algunos a falta de talento, dejaran su huella en un banco, una ventana o un árbol. El vandalismo esta al orden del día y presente a todo paso. No queda banco en la ciudad que no tenga por lo menos un grabado o una firma pintada, ni ventanas en el metro que no tenga rasgado algún nombre o firma. Pero lo que más me molesta es cuando un alienado artista aficionado, empieza a mutilar cosas que tienen más vida que el cerebro del mismo.Esos seres mágicos de cuento y fantasía que llegan a vivir cientos y cientos de años. Esos seres tan extraordinarios que han inspirado a más de un poeta o pintor. Eso seres tan excepcionales que te invocan tanta paz cuando te paras a descansar debajo de sus ramas. Esos seres tan admirables que te protegen con su sombra de los crueles rayos solares. Esos seres tan enigmáticos que han visto el pasado remoto y verán el futuro venidero. Esos seres tan fascinantes a los que llamamos arboles por desgracia son lo unico vivo que unos seres anajenados a los que llamamos humanos pueden herir sin consecuencias mayores.

 Sus grabados y pintadas rupestres hacen que retrocedamos un paso en el proceso evolutivo de nuestra especie en vez de avanzar y conseguir por fin esa plenitud intelectual y espiritual que tanto anhelamos.Pero lo mas trágico del asunto es que al pasar los años empezaran a hartarse haciendo daño a cosas que no les responden y no les dan guerra alguna. Su afición se volverá aburrida y entonces desviaran su afán de utilizar sus dotes destructivos hacia las personas. Las firmas, los grabados, los garabatos se convertirán en maltratos, en golpes y por desgracia, algunos en asesinatos.

¿Solo me molesta a mí que muy despacio, pero seguro, volvemos a la edad de piedra?

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