viernes, 9 de noviembre de 2012

Confusiones


Él.
Abrió los ojos y los volvió a cerrar. La luz le produjo un ligero dolor que se pasó al cabo de unos minutos. La cabeza le dolía, se puso la mano derecha en la sien y el dolor disminuyó. Poco a poco iba recordando: las cervezas en el bar, las risas con la rubia, el tipo gordo y calvo y el tercio con el que le golpeó. Estaba tumbado, boca arriba, cubierto por una sábana blanca. En el techo blanco los fluorescentes pasaban a gran velocidad, pronto cayó en la cuenta de que era él, el que se movía. Ruidos ininteligibles llegaban a sus oídos. Los fluorescentes dejaron de moverse. Una rubia con mascarilla verde se asomó por encima de su cabeza, le puso los pechos en la cara y le abrió la camisa, tuvo una erección. Vio el frió metal de una tijeras avanzando hacia su pantalón, adiós erección, hola miedo. Sintió un pinchazo en el brazo derecho y el dolor del líquido entrando en su cuerpo. El dolor de cabeza desapareció, sintió un ligero mareo y se durmió profundamente.

El gordo.
La cabeza aún le daba vueltas. Se le pasaba la borrachera y la resaca era peor que estar borracho. Sentado en una de las sillas de madera del bar, las manos esposadas a la espalda y mirando el suelo comenzó a reírse. Los dos policías locales que estaban tomando declaración al camarero le miraron. El gordo miró por la cristalera tipo inglés, a la ambulancia que había en la calle, tres policías estaban siendo tratados por personal del Samur, seguía riéndose. Escupió en el suelo un gargajo de sangre y siguió riéndose. Unos de los guardias se acercó a él, miró a través del cristal y vio a sus compañeros, el gordo seguía riéndose. El “poli” apretó el puño y golpeó violentamente la cara del gordo. Un diente salió despedido. El gordo escupió de nuevo y siguió riéndose.

La rubia.
Sentada al fondo de la barra apuraba los restos de un cubata. No solía tener mucho éxito con los hombres, quizás su metro ochenta los ahuyentaba, o sus muslos anchos. Pero aquella noche había tenido suerte, no con uno sino con dos. Primero se le acercó el gordo, borracho, que le invitó a una copa. En un momento que fue al servicio apareció el del traje. Un ejecutivo venido a menos o vendedor de muebles, un tipo gracioso que también llevaba unas copas de más. Lamentaba su suerte mirando el poco hielo que quedaba en el vaso. Si el gordo no la hubiese liado, aquella noche se hubiese llevado unos verdes a casa.

El barman.
-“Es tarde y tengo que irme a casa ¿van a tardar mucho en llevárselo?”- Preguntó el camarero al policía que le estaba interrogando.
-“No, en cuanto venga la furgoneta nos lo llevamos, cuénteme otra vez lo que sucedió”
-“La rubia”- Comenzó diciendo y miró a la mujer que estaba al final de la barra –“estaba solo, como todas las noches, esperando algún cliente, ya sabe. Primero tonteó con el animal ese”- señaló al gordo esposado – “Cuando se fue a mear le tiró los trastos al del traje y cuando ese” – volvió a señalar al gordo- “salió del váter la lió, al final le estampó el tercio en la cabeza. ¡Joder! no entiendo que coño les da el maricón ese”- Dijo mirando a la rubia.

por Alberto Lopez




14 comentarios:

Sheol13 dijo...

Siento mi ausencia, pero estoy desbordado de trabajo, así que como hacía mucho que no publicaba un relato de mi amigo Alberto, aprovecho la ocasión. Un abrazo.

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

¡Hola Sheol! un placer verte. Bueno, casi me alegro que estés desbordado de trabajo, con la que está cayendo. Me ha encantado este relato, tan bien dividido en párrafos de diálogos, y la rubia, con ese movimiento sísmico de la excitación del hombre al miedo. Muy bueno. Un abrazo

Mi Álter Ego dijo...

Me ha gustado mucho el relato!!! Espero que el desbordamiento se te pase rápido, que se te echa de menos... ¿Para cuándo más historias de Pompilio? Un besote!!!

Carolina dijo...

Buenisimo relato de suspenso, crea mucha expectativa; que miedito las tijeras, uy, me corrio un escalofrio por la columna. Saludos, me alegro que tengas mucho trabajo, y un beso.

NuriaLourdes dijo...

Wowwwww, vaya nochecita de juerga en el bar! La rubia y el poder exótico de sus curvas, debe haber hecho que varios tuerzan el cuello para mirarla, sino miremos al resto de los protagonistas. Me gustó mucho.
Saludos para Alberto.
Espero que protito te des un tiempo para contarnos las emocionantes y jocosas anécdotas de Pompilio.
Besos y se te extraña.

Citu dijo...

Je me he divertido, leyéndote un trabajo bien logrado dando todas las perspectivas Te felicito y te mando un beso cuídate

CASASREALESDESNUDAS dijo...

Estupendo relato del amigo Alberto, me alegra tu acumulación de trabajo.
Yo tampoco tengo apenas tiempo pero hoy he decidido tomarme un respiro y visitar a mis viejos amigos bloger.
¡Un fuerte abrazo Sheol!

Ariel dijo...

Hola Sheol, buenas noches,
antes que nada, que no tengas tiempo por trabajo... es bueno!
y luego,
excelente, al leerlo te va metiendo dentro de la escena.
felicitaciones a Alberto y un gran abrazo para tí

Tequila dijo...

Enhorabuena por este post! Buenísimo, me ha encantado leerlo!
Besos!!

luna dijo...

Hola Sheol lo siento tambien por no estar siempre...
Te mando un abrazo grande...

APU Barcelona dijo...

Me ha gustado el relato de Alberto.

Ay! Sheol que cada vez nos queda menos tiempo para nuestras pequeñas aficiones internautas...

No te preocupes que se entiende la ausencia, vuelve cuando puedas.
un abrazo

Jose Antonio dijo...

Fabuloso, más vale tener que desear, el trabajo tal y como está el tema, no hay más remedio que padecerlo,m aunque sea en exceso.
Un abrazo

Amapola Azzul dijo...

Me sacaste unas sonrisas con tu relato, me sentó bien.

saludos

Shang Yue dijo...

buena historia, y mejor cierre