viernes, 29 de junio de 2012

El perro que veía la tele

"Las extrañas e inquietantes experiencias de Pompilio"


Habían pasado ya 4 meses desde que Belle se había hecho dueño total de la casa y de su vida. No le importaban los madrugones, los regalitos que de vez en cuando el chucho le dejaba por el piso y que por alguna extraña razón los encontraba siempre debajo de las zapatillas. Su vida había cambiado por completo, tenía compañía, entretenimiento y amor, del perruno, ese que tan poco se ve en los humanos, ¿como se llamaba? Ah, el incondicional. También había cogido unas cuantas habilidades como cocinilla, siguiendo los pasos de algunos blogs de cocina que se encontró por la red. Cada vez que hacía algún postre más especial, guardaba dos raciones para sus amigas Puri y Andreea, que siempre alababan sus dotes culinarias, no estaba seguro si por respeto o porque realmente les gustaba. No le importaba demasiado, posiblemente, pensando egoístamente, lo de cocinar y compartirlo con sus vecinas lo hacía  por los halagos recibidos.
Era un jueves por la tarde, y en la estancia y en el vecindario se hacía notar un suave y apetitoso olor a vainilla. Pompilio se enfundó los guantes de cocina y sacó las dos bandejas de galletas del horno. Tenían un aspecto maravilloso y olían que te quitaba los sentidos. Inhaló con ganas los vapores serpenteantes que salían de las galletas y sonrió satisfecho. Una de las bandejas la vació sobre dos platos y de la otra llenó un gran cuenco que colocó en el salón, en la estantería, siempre seguido de cerca de su leal amigo. Encendió la tele para que el perro no se sintiera solo, y salió para llevar los dos platos de galletas a sus amigas. Cuando volvió, después de pisar otro regalo en el recibidor, que parecía dejarlos aposta el perro, y después de limpiar y de obsequiarle con una buena bronca que el can parecía recibirla solemnemente mirándole sin pestañear, cogió el mando de la tele y se sentó en el sofá haciendo zapping, en busca de algo que le entretuviera lo que quedaba de tarde. Se decantó por un película bélica de malos y buenos, aunque al final de estas películas nunca sabía quienes eran los buenos y quienes los malos, siempre volvía al mismo genero, a ver si algún día alguna se lo aclarase.  Belle estaba sentado enfrente de la tele, mirándola fijamente, mientras que de su boquita salían unos chirridos suplicantes.
-¿Qué pasa fiera, no te gusta la peli, a ver si ahora tampoco voy a ver lo que a mí me gusta? -preguntó Pompilio al perro mientras que le empujaba con el pie. Pero el chucho no se movía, estaba como hipnotizado, presa de tan escatológica película. Pompilio, picado por la impasibilidad del perro cambió de canal.
-Ahora te vas a enterar, continuo hablando,  buscando el maravilloso mundo del canal de tele tienda. El chucho levantó un poco su trasero, cumpliendo así las expectativas de Pompilio por un segundo, para acomodarse mejor sobre sus dos patas traseras y más cerca de la caja tonta.
-Esto es increíble, un perro viendo la tele, dijo soltando un risita  cambiando a un programa de música y luego a uno de telenovelas. Nada, el chucho seguía hipnotizado, inamovible, delante de la tele. 
Pompilio se durmió, sin darse cuenta, después de un buen rato cambiado canales y por la mañana al despertarse en el sofá, vio como el perro seguía en el mismo sitio, ahí, delante de la tele, pero durmiendo enroscado como una serpiente, no sabía si por la “extraordinaria” adaptación para la pantalla de El Código Da Vinci, que en ese mismo instante deslumbraba a los tele-espectadores matutinos o simplemente por cansancio. Apagó la tele, pero como si de un silbato invisible se tratara, el perro se levantó, se estiró por lo menos 2 segundos y se postró otra vez delante de la tele, encima de sus patitas traseras, lloriqueando.
Pompilio empezó a hacer sus quehaceres por la casa,  preparó el desayuno para los dos,  cereales para la panza, y llamó al can a la cocina. Cosa extraña, era la primera vez que el chucho le hacía mas caso a otra cosa que a la comida, ¡el muy golosón!, así que cogió el cuenco del perro, y se lo acercó al salón, pasándoselo por delante del hocico. Como por arte de magia, el chucho salió de su trance televisivo, siguiendo a su dueño a la cocina, zampó salvajemente el contenido de su bol y rápidamente volvió a su sitio, en primera fila disfrutando de la incomprensible inexpresividad del protagonista de la película. Después de meditar unos momentos, Pompilio decidió compartir con sus vecinas el extraño caso del perro y la tele, así que las llamó por teléfono y las invitó para que vieran algo no visto hasta ahora en el mundo. Primero apareció Puri, tardo bastante en llegar, como 5 minutos, tiempo récord para la persona más cotilla del barrio. Al pasar, le preguntó intrigada:
-¿Qué ocurre, qué es eso tan extraordinario?
-¿Es que no lo ves?, ni siquiera se ha inmutado, le contestó Pompilio indicando exasperado al perro.
-La caja tonta ha hipnotizado a mi perro, siguió lamentándose el hombre. Mira: ¡Belle, Belle, ven aquí! Le llamó. El chucho giró la cabeza hacía donde se hallaban la vecina y su dueño y empezó a mover la cola en señal de saludo para volver su cabeza en menos de un segundo hacía su nuevo juguete.
-Lo ves, lo ves, está atontado, mira, apago la tele, y sigue allí esperando, la enciendo y sigue ahí, le pongo cualquier cadena, hasta la tele-tienda y sigue petrificado delante de la televisión.
-¡Vaya cosa más rara! Si, es verdad, es la cosa más rara que he visto en mi vida, sentenció Puri en el mismo instante en el que sonó el timbre de la puerta. Andreea hizo su aparición como siempre, guapa y arregladita de los pies a la cabeza y con su jovial y sincera sonrisa como el más preciado de los adornos. Pompilio siempre se quedaba boquiabierto al verla, aun después de tanto tiempo no se había acostumbrado a la idea de que tan esplendorosa aparición, lo que tenia entre las piernas no fuera un marisco. Se repuso rápidamente, cada vez parecía que tardaba menos en recuperase del primer impacto visual y psíquico que le provocaba su vecina, y le dijo.
-Andreea, no sé que hacer, mírale, ni siquiera ladra como lo hacía antes al escuchar el timbre, ni siquiera viene al encuentro para que le mimes, esta allí, dominado por las fuerzas de la caja del demonio. Espera un momento ¿y si la tele esta poseída por un Poltergeist y un día le succiona y me quedo sin él? Eso seria en el mejor de los casos, peor sería que le ordenara que mientras duermo, buscara mi yugular,  -articuló casi sin aliento Pompilio con su particular desesperación.
-Tranquilo, ya te conoces, o mejor dicho, creo que ya te conozco mejor que tú,  sé que tiene que haber una explicación lógica, así que vamos a buscarla.
Se acercaron los tres de puntillas al perro, le rodearon mientras que el chucho les miraba con curiosidad, Pompilio apagó la tele, la encendió, cambio otra vez los canales, mientras que sus amigas observaban atentas al chucho. Después de un buen rato sin encontrar el motivo del repentino interés del can hacía la televisión, una idea empezó a asomar en la cabeza de Puri.
-¿Y si llamamos a algún periodico o al Telemadrid mismo? Igual pagan algún dinerillo por una cosa así.
-Tiene que haber algo, ¿pero qué? Dijo Andreea, sin hacerle mucho caso a la Puri, mirando contrariada al perro y a la tele.
-No lo sé, es algo demasiado insólito, pero estoy convencida de que la solución está delante de nuestras narices, pero si el chucho sigue igual, estoy de acuerdo con Puri, mañana llamamos a algún periodico a ver que nos dicen. ¿Puedo coger una galleta?  Preguntó Andreea señalando el gran bol que con tanto alboroto quedó en el olvido en la estantería, encima de la tele.
-Me chiflan, están riquísimas, debería plantearte hacer negocio con esto, abrirte una tienda de galletas por Chueca, ya sabes que conozco a gente que podría dejarte a precio algún local,  creo que triunfarías.
-Por supuesto, le contestó Pompilio saliendo con dificultad de los delirios de grandeza que se apoderaron de sus sentidos en el momento en el que Puri, notificó lo del dinerillo que podía significar tal acontecimiento. Ya se había imaginado los titulares en todos los periódicos: Pompilio y su amigo Belle, el único perro que ve la tele, y ya había llenado la bañera para zambullirse en billetes. De vuelta a la realidad se sentó en el sofá y añadió:
-Acerca el bol, para servirnos todos.
Puri siguió a Pompilio al sofá dejando sitio en el medio para Andrea, que se acomodó entre ellos, con el cuenco de galletas en el regazo. Tres manos se encontraron buscando con avidez la más grande, igual que las tres bocas se quedaron abiertas después del primer mordisco al ver como el chucho se sentaba delante de ellos lloriqueando, con la mirada clavada en las ricas galletas que llenaban el bol.




18 comentarios:

Ale ;) dijo...

Creo que ya me estoy enamorando de estos personajes.Me encantan y me alegra que te hayan gustado los dibujos.

Te envió un fuerte saludo y nos estamos leyendo ;)

Jose Antonio dijo...

Pobre bicho, abducido por los encantos de la caja tonta, no le auguro un buen futuro, los canes deben estar solícitos esperando poder ir al parque a perseguir gatos y oler traseros de sus congéneres.
Un abrazo

Cristelicious dijo...

Que bueno, con que eran las galletas y el pobre todo preocupado. Me alegra que ya estes de vuelta, un besito y buen finde.

Javir dijo...

El perro ha resultado ser más inteligente que mucha gente que no se apartan de un telecinco ni por la mejor de las galleteas.

Un abrazo

Carolina dijo...

El enigma resuelto: eran las galletas... el perrito lo que miraba eran las galletas! ya me parecia a mi... demasiado inteligentes como para quedarse fijos mirando la tele..!

Bienvenido Sheol, deseo hayas tenido unas agradables vacaciones.
Un abrazo.

Candela dijo...

No será que andaban más abduccidos los dueños que el chucho, pobre perrito...:))
Claro, que los humanos solemos pensar que los animalillos son de nuestra condición.

Celebro que publiques de nuevo.

Saludos.

Towanda dijo...

Hay días en que no consigo separarme de la caja tonta, así que entiendo muy bien al can.
Me tumbo en el sofá y la pereza me vence... Se apodera de mí. Otras, en cambio, ni la enciendo.
Sheol, me alegro de volver a verte.
Besos.

mariam dijo...

Fnatastico,como siempre amigo sheol13.Me encanta como juegas con el hilo conductor del texto,llevandonos a reflexiones precipitadas,para despues con un genio y soberbio golpe de pluma entregarnos,un final muchas veces inesperado.
Un saludo

Eosforo dijo...

Perros que ven la tele, y beni hill de fondo, ¿Dónde vamos a parar?

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

¡Hola Sheol! muy divertida, original y curiosa la historia de este cánido atrapado por la posesiva influencia de las ondas, con ese final tan interesante de las galletas y el bol. Muy entretenido de leer. Hacía tiempo que no te veía. Bienvenido y un saludo. Ando muy ocupado ahora con mis crónicas de mi último viaje por Armenia.

Esilleviana dijo...

Cada uno sentía el hechizo de las ondas electromágnéticas? (jaja, no tengo ni idea si las ondas herzianas de la radio son las mismas que las de la tv...). El perro al ver la tele se quedaba embrujado y Pompilio y sus amigas, ante el televisor solo deseaban comer galletas. Cada uno a su manera :))

También me alegra leerte y saber de ti.

Un abrazo S.

Esilleviana dijo...

Cada uno sentía el hechizo de las ondas electromágnéticas? (jaja, no tengo ni idea si las ondas herzianas de la radio son las mismas que las de la tv...). El perro al ver la tele se quedaba embrujado y Pompilio y sus amigas, ante el televisor solo deseaban comer galletas. Cada uno a su manera :))

También me alegra leerte y saber de ti.

Un abrazo S.

Sakkarah dijo...

Jejeje, la tele, las galletitas son más ricas.

Me ha gustado mucho y especialmente porque se trata de un perrito.

Yo estoy muy triste, perdí ayer al mío tras 16 años que me acompañaba todo el día. Sé que me va a costar demasiado; pero...

Un beso muy grande.

APU VeoDigital dijo...

Hola Sheol.
Je,je,je, esto me recuerda aquello de "señalar a la Luna y ver el dedo" todos mirando hacia la tele y nadie más que Belle a las suculentas galletas.
Un abrazo.

Por cierto, veo que sigue la colaboración en las ilustraciones de los dibujos. Enhorabuena!

fus dijo...

Que buenas deben estar las galletas, menos mal, que al pobre la tele le importaba un pito. Inteligente perro.
Un fuerte abrazo

fus

Ale ;) dijo...

Hay algo que te esta esperando AQUÍ en mi blog ;)

Elena dijo...

Hola Sheol! Tan entretenido como siempre, si es que donde se pongan unas galletillas...

Espero que hayas descansado!

Un abrazo!

Mi Álter Ego dijo...

Algo me olía yo... No podía ser que Belle se idiotizase tanto de repente...
De todas formas, mis gatos, como les pongas un documental de animales no hay quien los despegue de la tele. Increíble pero cierto. Un besote!!!