viernes, 6 de enero de 2012

Medidas extremas


La crisis había mermado las relaciones sociales en todos sus aspectos, ya casi nadie invitaba a nadie a salir a tomarse una copa en los garritos de la ciudad, ya casi nadie salía a cenar o a comer fuera,  ya casi nadie veía a nadie salvo por mera casualidad. En los barrios obreros del sur de la capital la gente se contentaba con llegar decentemente a mitades del mes, muchos habían perdido ya sus pisos por las deudas, otros estaban a punto de perderlos y los más afortunados aun lo conservaban por el alto precio de quedarse en los huesos. Faltaban 2 días hasta Noche Vieja y yo no tenía ni donde caerme muerto, otro año más iba a celebrar la llegada del nuevo año en casa de mis padres. Ese día, sin embargo, mi destino, mi vida cambiarían de forma brutal, nunca mejor dicho, para siempre.  Me extrañó muchísimo que mi amigo Vicente me llamase ese 29 de diciembre para invitarme a salir por la noche a tomarnos unas copas. ¡Si no tenía un duro! ¿Le habría tocado la lotería? ¿Estaría currando? No quiso soltar prenda, así que no insistí, pero a las 9 en punto de la noche, con el corazón palpitando a ritmos infernales, empujaba la gran puerta de madera de La Cueva después de 3 años de ausencia. El ambiente me pareció triste, donde antes la gente hacía cola para entrar por la noche ahora solo 2 personas descansaban con sus copas a medio consumir en la barra y otra, mi amigo Vicente, ocupaba en el fondo del Pub la mesa más alejada y oscura. Saludé a la camarera haciendo un gento hacia Vicente, de que me estaban esperando. Mi amigo se levantó precipitado para recibirme y me abrazó sin mediar palabra. Su gesto me sorprendió, tampoco éramos tan buenos amigos. Un poco incómodos, los dos, nos separamos y nos sentamos en la mesa, él delante de dos copas de Cuba Libre, una vacía y la otra a medias y yo delante de él y delante de una copa que hacía años que no me guiñaba el ojo.
-Bloddy Mary con una pizca de pimienta ¿verdad?
-Tienes buena memoria, -le contesté dándole un buen sorbo al delicioso néctar. –Dime qué pasa ¿qué es eso tan importante que me querías contar? –proseguí con cara de satisfacción.
-No has cambiado nada, directo al grano.
-Sabes que no me gusta perder el tiempo con bobadas y esquinazos, aun teniendo de sobra. –le contesté.
Vicente se encorvó por encima de la mesa hasta casi tocarme la nariz con la suya y empezó a contarme con voz casi imperceptible la historia más disparatada que había escuchado en mi vida.
-Santi amigo, he hecho algo horrible. Sabes que he acudido a ti porque eres como eres, porque no juzgas nunca a nadie, porque entiendes a la gente, no eres cotilla y tampoco chivato, y aunque no hemos sido colegas, colegas, eres el único en el que puedo confiar.
Asentí con la cabeza y le animé a que siguiera.
-No sé si lo sabes, pero hacen ya más de seis meses que Montse y yo perdimos el piso y más de 3 años buscando curro sin éxito. Cuando nos echaron de casa, mi madre nos acogió en el pueblo, en la suya, pequeñita de dos dormitorios. Aunque tenía la casita pagada, no quisimos que se endeudara por nosotros y que por alguna razón burocrática la pudiese perder,  así que mi mujer y yo decidimos ahorrar en la comida. Nos bastaba con un poco de pan al día y con ver que por lo menos mi madre y nuestros dos hijos podían acompañar el pan con un poco de chóped barato. Y aunque yo salía todos los días a mendigar por el pueblo igual de pobre, en poco tiempo empezamos a notar como las fuerzas nos empezaban a dejar. Nos quedamos en los huesos. Ya no tenía ni fuerzas para e ir a mendigar. Y así, arrastrando nuestras míseras vidas y cuerpos llegamos en víspera de Navidad. En Noche Buena el menú no había cambiado, pero si había chóped para todos. Cenamos y nos acostamos pronto, mi mujer y yo, sin embargo, no pudimos pegar ojo, hacía tanto tiempo que no comíamos algo de carne que nos sentó como una hostia en el estomago. A las 2 de la madrugada aun estábamos delante de la tele, pidiendo la vez para ir al baño, cuando de repente, delante del viejo abeto de plástico, apareció de la nada un hombre voluminoso, vestido de rojo. ¡Un ladrón! –pensé y cegado por el mal de tripas, por el hambre, por la falta de sueño y de ilusión cogí la lámpara de pie metálico y le propiné un gran golpe en la cabeza. Fue un impacto bestial que partió por la mitad el cráneo del gran hombre, que se giró despacito, incrédulo, con la sangre chorreándole por la cara, empapando la gran barba blanca que reinaba su rostro. Solo pudo articular un débil “¿por qué?” antes de pegarse el ostión contra el suelo. Viendo la sangre brotar de su cabeza, mi reprimido apetito animal despertó sin avisar, me abalance sobre el cuerpo inerte y empecé a lamer y a chupar la sangre que ese gran cuerpo me regalaba esa noche tan especial. Mi mujer hasta ahora impasible a todo el acontecimiento, se me unió enseguida. Ahogamos el hambre enseguida, nuestros estómagos tampoco podían abarcar mucho. Nos dejamos caer de espaldas, a un lado y a otro del ladrón, sonriendo satisfechos. Cuando nos recuperamos del orgasmo culinario, decidimos,  que lo mejor sería hacerlo desaparecer cuanto antes. Le llevamos a rastras a la bañera donde le descuartizamos y congelamos gran parte, menos lo que guardamos para hacer un gran asado esa maravillosa mañana de Navidad. Limpiamos todo, quemamos la ropa en la chimenea y a las 6 de la mañana estábamos sentados en el suelo delante del calor del fuego. Pero en el silencio de la mañana, entre los chasquidos de la lumbre,  me pareció escuchar el sonido de unas campanitas en el jardín. No les di mucha importancia pero como no cesaba, abrí la puerta y asomé mi curiosidad. Petrificado me quedé delante de  los 16 ojos que me miraban con miedo y curiosidad, pero me recuperé rápido, llamé a Montse, y sin pensárnoslo mucho soltamos los renos y los metimos en el establo que llevaba años desierto. Cogí una barra de uña y empecé a desarticular el gran trineo de madera. Apilé la leña a lado de la puerta de atrás de la casa, menos unos buenos trozos que me los llevé pa dentro, para la chimenea. Mi mujer todo este tiempo se había quedado con los renos, que gracias a Dios estaban muy tranquilos. Los niños y mi madre, despertados por el ruido de mi matinal trabajo bajaron a ver porqué el alboroto, pero no llegaron a salir, la mayor porque se encontró el gran cacho de carne en la cocina y sin preguntar a nadie nada empezó a condimentarlo y prepáralo para asar,  y los niños porque se habían encontrado inesperadamente debajo del árbol unos juguetes que el desaparecido Papa Noel les había dejado antes de perecer. ¡Si, le he matado Santi, he matado a Papa Noel, y me da igual! ¡¡¡Me da igual!!! –me grito el pobre desgraciado en la cara.
Me retiré, secándome con las manos las gotas de saliva que con sus últimas palabras salpicaron mi rostro. Estaba anonado, al pobre Vicente se le había ido la pinza, nadie se creería tan disparate cuento, y yo menos. Miré la copa que tenía delante y la aparté al visualizar la sangre de la macabra historia.
-Vicente, te hablaré con franqueza, - le dije al final. Necesitas que te vea un psiquiatra, estas paranoico, como vas a matar a Papa Noel, si los dos sabemos que no existe.
-Y que me dices de esto. – me contestó sacando un saco color rojo, vacio y doblado que había guardado todo este tiempo  debajo de la mesa.
-¿Qué es un saco?
-Cierto, pero es Suyo. De donde crees que tengo dinero para esta ropa, para las copas, para venir del pueblo y alojarme en un hotel.
-No sé. ¿Te ha tocado la lotería?
-No tonto, es por las cosas que me da este saco. Mira, sabía que como cualquier persona sensata necesitarías pruebas. Pide cualquier cosa y yo te la sacaré de este saco, así veras de que no miento. Pero no aquí, vayamos al hotel.
Vicente pagó la consumición y nos marchamos. No les miento, estaba cagado de miedo, no sabía que creer, no sabía si el tío me mataría al llegar a su habitación o iba a seguir con su paranoia, pero la curiosidad de cómo acabaría la historia me empujó a seguirle sin hacer ningún comentario durante el camino. Subimos, Vicente cerró la puerta, la comprobó dos veces y deposito el saco encima de la cama.
-Venga pídele al saco, - me animó y yo para seguirle el juego me acerqué a la cama y teatralmente dije:
-Quiero un millón de euros.
-No imbécil, - me espetó mi amigo, dinero no te va dar, que te crees que no lo he intentado. Pídele algo material.
-Vale, -le contesté molesto por su arrebato. –Quiero un portátil de última generación.
El saco se hincho un poco bajo mis atónitos y desorbitados ojos y Vicente sin esperar extrajo de entre las telas rojas un portátil con una manzana mordida como logo.
-Bueno que me dices ¿quieres ser mi socio? –me preguntó.
-¿De qué exactamente? -le conteste casi sin voz.
- Me costó averiguar el poder del saco, como estaba vacío al lado del árbol de navidad, no le di mucha importancia, pero se me ocurrió que si de verdad era Papa Noel al que había matado ese sería sin duda su saco mágico. Así que lo intente primero pidiendo dinero como tú, y nada hasta que se le ocurrió a Montse pedir una plancha. Desde entonces no dejo de sacar cosas del saco y venderlas por internet. Pero ya no doy abasto, y como ya te he dicho, eres la única persona fiable que conozco, quiero que seas mi socio.
Me quedé unos momentos en silencio meditando sobre que debía hacer frente a tan inusual pero apetecible oferta.
-Me lo tengo que pensar, le contesté y me dirigí hacia la puerta con la mirada desconcertada de amigo clavada en mi nuca. Al llegar a la puerta me di la vuelta y con una gran sonrisa le dije: Me lo he pensado, acepto.
Y así fue como cambio mi destino y mi vida. Después de unos pocos días con sus noches, trabajando sin parar, los billetes empezaron a sacar el aire viciado de mis bolsillos. Así que padres, abuelos, niños y adolescentes,  si este año Papa Noel no os ha dejado nada bajo el árbol, culpen  a mi amigo Vicente, es el responsable, sin embargo, de la ausencia de los Reyes Magos me pueden culpar a mí, ya saben el oro se vende muy bien ahora con la crisis y el pequeño cofre de Melchor, sinceramente, acabo de comprobarlo, no tiene fondo. Ah, y para los que se preguntan qué pasó con los renos, pues queridos lectores, el venado asado está muy rico, así que comprenderán que nos dimos festín tras festín hasta acabar con ellos. Los camellos aun no sabemos muy bien como prepararlos, se cuenta que tiene la carne un poco dura, ya se nos ocurrirá algo.  


22 comentarios:

Sheol13 dijo...

Hola querid@s amig@s, feliz día de Reyes. Me quiero disculpar por la longitud de este relato, pero no quiero estropearlo y partirlo en dos o mas partes. Un abrazo.

VÍCTOR VIRGÓS dijo...

Yo lo he disfrutado, mucho más largo de lo habitual, igualmente brillante, algo estrambótico, original y bien narrado, engancha. Fantástica historia disparatada, pero genial. Saludos y feliz año.

Montse dijo...

Genial como siempre. Feliz dia de Reyes. Un abrazo

luna dijo...

Quierido Amigo Sheoll es siempre un placer leer tu blog por esto no tiene que preocuparte...
Te abrazo muy fuerte y feliz dia de Reyes..
Besitos..

CASASREALESDESNUDAS dijo...

Te felicitaría si no fuese porque ahora se la causa de que este año no haya pillado ningún regalo.
En serio, me ha encantado este relato la mar de original, un placer leer estos relatos tuyos amigo.
¡Feliz Día de Reyes!

Amelia Díaz dijo...

uyyyyyyyyyyy...qué relato tan impactante...me voy con una sensación agridulce...


BESOS!!!

Ana Manotas Cascos dijo...

Yo también lo he disfrutado mucho, tienes mucha creatividad.
Un fuerte abrazo

mientrasleo dijo...

Imperdonable si lo llegas a cortar!
Menudo regalo nos hiciste, gracias..
Un beso

Candela dijo...

Un relato inquietante, podría haber ocurrido de verdad. Retratas la desesperación y la desesperación nos lleva a hacer cosas horribles.

Enhorabuena. Espero que hayas pasado un agradable día.

Javir dijo...

Magnifica historia!!

En el fondo creo que es una historia real, de manera que dejaré de buscar mis regalos de reyes.

Un abrazo

Sakkarah dijo...

Aggg, me temo que hay un impostor, porque me ha dejado cosas...

Muy bueno el relato, he estado totalmente atenta, pero mira que cargarse a Papa Noel...

:) Muchos besos.

Esilleviana dijo...

jaja
a mí también me gustó esta historia.
pero seguro que el saco de Papá Noel solo concede cosas materiales? nada de paz, amor, buen rollo y esas cosas que se desean en navidad?

está genial Sheol; tu imaginación es desbordante.

un abrazo
y supongo que los RRMM no te habrán traído muchas cosas, ya tienes los regalos del gran papá...

:))

Towanda dijo...

A mí me ha encantado tu historia...
¡Qué suerte haberme topado con un cuentista!
Felicidades y seguimos en contacto.
Ah!, he visto que participas en los premios 20blogs (moi aussi) y te deseo mucha suerte aunque pá mí que ya está todo el pescado vendído.
Besos.

Jose Antonio dijo...

Un relato salvaje y una gozada visual, hay que saber sacar tajada de las circunstancias y más cuando la crisis aprieta, eso le pasa al gordo de barbas por allanar moradas ajenas.
Un abrazo

fus dijo...

¿No necesitais algùn socio nuevo? maravilloso relato aunque un poco macabro, pero la literatura es màgica. Enhorabuena.

un fuerte saludo

fus

Sheol13 dijo...

Victor, un poco disparata si que lo es.

Montse, me alegra verte.

Luna, no me preocupo.

Gerardo, tu y mucho se han quedado sin regalo. Me alegra que lo hayas disfrutado.

Amelia, gracias por hacerme un hueco en tu agenda.

Ana, me alegra escuchar esto.

Mientrasleo, antes lo hacia pero ya no pienso cortar ninguno. De nada.

Sheol13 dijo...

Candela, ha sido un ida bastante bueno gracias y tienes toda la razón.

Javir, yo creo que pierdes tiempo preciosos en buscarlos.

Sakkarah, siempre hay imitadores.

Esilleviana, lo del espirito navideño lo dejo para las películas de Disney.

Towanda, un orgullo y una alegría verte por mi casa, yo también creo que esta ya todo decidido.

Jose, la crisis nos afecta mucho y mas psiquicamente.

Fus, creo que eres un tipo legal, me fiaré de ti, venga contratado.

Gracias a todos por las maravillosas palabras que me han regalado.

Un fuerte abrazo.

Nieves dijo...

Me ha encantado tu historia y tienes razón, publicada en partes habría perdido su chispa. Muy bueno tu relato y muy oportuno, un agridulce relato de Navidad porque no todo van a ser relatos dulces y amilbarados. Por cierto tu música una maravilla, ya lo sabes, es siempre un placer entrar aqui. Por cierto, entonces para las próximas Navidades vamos a tener que empezar a buscarnos a otros personajes generosos y bondadosos para que nos traigan nuestros regalos ..... Un abrazo muy fuerte,

María dijo...

Tu relato es muy creativo e imaginativo.

Gracias por tu comentario dejado en mi blog respecto a la situación que viviste del paro y ahora la experiencia de tu nuevo trabajo, me alegró mucho cuando lo comunicaste en el blog y ya en su día te di la enhorabuena.

Yo tengo algunas páginas de empleo de internet no sé cuales tienes tú ¿me podrías decir si hay alguna interesante?

Mil gracias amigo.

Un beso.

mariam dijo...

Magnifico relato, he disfrutado mucho leyendolo. Feliz año nuevo, aunque sea un poco tarde.
Un saludo.

Elena dijo...

Hola Sheol, que no me había dado cuenta de que habías actualizado...
Genial relato! ahora que he tenido un ratito me ha venido genial para desconectar.

Un abrazo.

Sheol13 dijo...

Nieves, seguro que habrá muchos imitadores que no te dejaran sin regalo el año próximo.

Maria, ahora mismo me paso.

Mariam, nunca es tarde, pero seguro que sabes.

Elena, me alegra que te he sido de ayuda.

Gracias por vuestros comentarios. Un fuerte abrazo.