domingo, 19 de septiembre de 2010

La comarcal

Bajé corriendo las escaleras, salí del portal mientras me abrochaba los botones de la camisa. Tenía que ser lunes, no podía haberme dormido un miércoles, no, el jodido lunes. Ya me imaginaba las especulaciones del jefe, que si de fiesta todo el fin de semana, que si la responsabilidad, que si hay muchos en el paro que no se dormirían. La que me esperaba si llegaba cinco minutos tarde sería de órdago y encima no había tomado café, y yo sin café no soy persona. Había llovido durante la noche, la acera estaba resbaladiza y en la calzada quedaban algunos charcos. Me subí al coche, un precioso deportivo negro, miré el reloj del salpicadero, sólo tenía 35 minutos para estar en mi puesto, Fernando Alonso sería una tortuga a mi lado. Tras saltarme dos semáforos me incorporé a la carretera comarcal que me ponía en camino. Dos carriles, uno para cada sentido. Curiosamente no había muchos coches en mi misma dirección, pero en dirección contraria si que se veía tráfico. Iba detrás de un polo verde que no tardó en coger un desvío, uno menos. Mi próximo objetivo era un Ford Fiesta rojo, se veía nuevo, cuando estuve lo bastante cerca la matrícula me lo confirmó. El muy cabrón no superaba los 80 Km. por hora y a mi se me echaba la hora encima. Un coche en dirección contraria, otro, otro, no podía adelantarle. Le di las largas, le toqué el claxon. Nada, que no aceleraba. Estaba que me subía por las paredes. Me miró por el retrovisor, tenía una expresión de anodino, vamos de tonto, que no había por donde cogerlo. Era un barbilampiño, un imberbe, el único joven que no le pisaba al coche, y me había tocado a mí. Por fin un hueco en dirección contraria, metí tercera, el turbo se puso en marcha, el motor se sobre alimentó, sentí la presión sobre el asiento del coche. Di un volantazo y me puse parejo con el Ford. Bajé la ventanilla derecha y le grité mientras le superaba:

-“CABRÓN, APARTATÉ”-
Otro volantazo y de nuevo en mi carril. Carretera libre, puse la cuarta para dar un respiro al motor y de paso acelerar más. Una amplia curva a la izquierda y le perdí de vista. Miré el reloj del salpicadero, 15 minutos para llegar. Justo, pero llegaba.
Sonó el despertador, eran las cinco y media de la mañana. Alberto se levantó despacio, no tenía prisa. Aunque era lunes, era festivo, el primer fin de semana de tres días después del verano. Se duchó tranquilamente y desayunó un café bien cargado, como le gustaba. El motivo de tal madrugón no era otro que coger su coche nuevo y hacer unos kilómetros con él. Se había sacado el carné en julio, en agosto cerró tráfico y no pudo conducir. En septiembre le dieron el tan preciado premio, pero no tuvo su coche nuevo hasta bien entrado octubre, por lo que no había tenido tiempo de soltarse al volante y un día festivo era un buen momento para practicar. Salió de su casa dirigiéndose al coche que dormía en un parking cercano. En cinco minutos ya estaba sentado en su flamante ford fiesta rojo. Se ajustó el cinturón de seguridad, colocó los retrovisores, probó las luces, los intermitentes, el claxon, todo bien. Salió del parking. Unas vueltas por la ciudad aún a oscuras, prácticamente desierta, para ir cogiéndole el tacto a los pedales. Un semáforo en ámbar, aflojó la velocidad hasta quedar totalmente parado antes de cambiar la luz a rojo. Verde otra vez, en marcha, era el momento de salir a carretera. Autopista, peaje, la autovía de circunvalación, tenía varias alternativas. Al final se decidió por el peaje, sólo tenía que recorrer nueve kilómetros por una carretera secundaria, y acceder al peaje, cuatro carriles en cada sentido, ahí podría relajarse y disfrutar de su coche nuevo. No había recorrido el primer kilómetro de la comarcal, cuando un deportivo negro le estaba pidiendo paso, le tocaba el claxon, le daba las luces, adelantar se hacía difícil, no paraban de venir coches en dirección contraria. Por fin se decidió a adelantarle. Alberto le miró un momento cuando le pasaba y le pareció que le llamó cabrón. En ese instante el cristal delantero se le cubrió de agua, el coche negro debió de pasar un por un charco. Alberto se puso nervioso, no veía nada, quiso poner el limpia parabrisas con la mano izquierda, pero la palanca estaba en el lado derecho, cruzó las manos, el coche se giró bruscamente, pisó instintivamente el freno y el coche comenzó a dar vueltas de campana. En cuanto el asfalto golpeó el techo del coche, este se hundió, el golpe en la cabeza fue mortal de necesidad. El Ford rojo acabó en la cuneta.
Llegué a la fábrica donde trabajo de contable tres minutos antes de mi hora. No me iba a dar tiempo de tomarme un café pero no tendría que aguantar a mi jefe. Cuando llegué a la altura de la garita del guarda este me miró extrañado, pero no me abrió aunque le había enseñado la identificación que me acreditaba como trabajador de la fábrica, me hizo parar el coche a la altura de la barrera, ¿a que al final llego tarde por culpa del lerdo este? Pensé.
-“Buenos días”-
-“Hola Javier, puedes abrirme por favor, que vengo pillado de tiempo”-
-“Se me hace raro verle un día festivo por aquí”-
-“¿Cómo?”-
Es verdad, era festivo y yo corriendo como si me fuese la vida en ello, por eso había tan poco tráfico en dirección al polígono. Media vuelta y de regreso a por ese café que tanto me hacía falta. Me incorporé de nuevo a la comarcal para regresar a la ciudad. Como a tres kilómetros encontré caravana, el tráfico andaba muy despacio pero no llegaba a parase. En cinco minutos alcancé el accidente que causaba la retención, era el ford rojo que había adelantado de camino a la fábrica. Estaba volcado en la cuneta. Ya hay que ser malo conduciendo, encima que iba despacio, se estrella, no me extraña que los seguros cobren tanto a los conductores noveles.

por Alberto Lopez Chorro
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Hay tantas muertes por accidente de trafico y lo mas trágico del asunto es que la mayor parte, por culpa de otros.Por la culpa del alcohol, de la droga o simplemente por el placer que provoca la agresión vial. ¿POR QUÉ? He intentado pasar del tema pero me topo cada vez con más casos de agresividad y maltrato psicologico vial. No lo entiendo, si les gusta tanto el subidon de andrenalina que se dediquen a hacer balconing, asi saldriamos todos ganando. Ya sé que el respeto de por si es ya un sueño, es material histórico, es leyenda. Así que he pensado escribir una novela que me llevara a lo más alto, y todos me recordaran como al último profeta del respeto(que ilu.). Se llamaría "El respeto" y contara la historia de un hombre que lucho contra viento y marea para que sus palabras llegaran a oídos sordos, a mentes etílicas y a narices empolvadas y se estrellaran como las olas del mar se estrellan contra las rocas.Pero con el tiempo ese libro llevara a un grupo de personas formar una religión que igual se llamara Respetismo o Testigos del Respeto,¿ yo que sé? y difundirá mi palabra(otra vez, que se me va la pinza).El significado del respeto ya solo lo conoce la gente mayor (invisibles para la juventud de hoy) y algunos como yo que al final le tachan de tonto y pringado. Igual soy un poco obsesivo por señalizar cada desplazamiento lateral que hago con el coche, cada salida que tomo y por eso me gritaron un día unos niñatos desde un coche que me adelantaba por un sitio indebido e indebidamente(ya no entro en más detalles)"Oye pringao, se te van a fundir los intermitentes". Yo prefiero que se me fundan todas las bombillas del coche, por qué son reemplazables, pero lo que ellos tienen fundido ya no lo enciende y no lo cambia nada y nadie. Asi que os hago mi habitual pregunta: ¿Solo me molestan a mí los niñatos alelados y agresivos al volante?



De paso, os dejo este videoclip, hecho por aficionados.

6 comentarios:

Alberto dijo...

Yo leería tu libro, lo que no creo es que me dedicara a difundir tu palabra, ¿o si? quién sabe. Lo único que sé es que me ha gustado el relato, ya sé que no soy muy imparcial, y tu comentario es muy acertado, del video tampaco debería hablar, solo decirte que a mi me gusta.

Jose Antonio dijo...

Hoy has estado genial y es que al volante nos transformamos, ganamos según la persona, en agresividad, un atavismo nos corre por la sangre, da lo mismo que sea un coche o una cuadriga, yo tengo la razón y la preferencia y mi pene o coche es mejor que el tuyo.
Tu religión hay que inculcarla desde pequeños a los niños, pero da lo mismo, luego son embaucados por la sociedad consumista, por la competitividad y por los videojuegos atroces que les enseñan que el que no es violento es un moñas, por lo que va a dar lo mismo como les eduques.
Un abrazo.

APU dijo...

Hola!
Lo que más molesta de los "suicidas" del volante es que ponen la vida de los demás en peligro, como bien dices "que hagan "balconig" pero me parece que lo que les da el subidón es poner la vída de los demás en riesgo así que saltarían en el momento justo que pasara un peatón por debajo.
un abrazo

sheol13 dijo...

Hola Alberto, el que autor es un visionario y el director del vídeo es un genio.Como me gusta hacerte la pelota. Un saludo.

sheol13 dijo...

Hola José, la verdad es que es muy difícil educar a los niños hoy día por las malas influencias que asechan por todas partes. Un saludo.

sheol13 dijo...

Hola Apu, es posible, no se sabe lo que pasa por la mente de un alienado mental. Un saludo.