domingo, 20 de junio de 2010

Alta cocina

El olor a sofrito se estaba haciendo notar en la tarde del miércoles. Doña María estaba en la cocina, delante de la vitro que acababa de estrenar la semana pasada. Mientras removía la carne que había añadido al sofrito, cantaba una canción que después de tantos años no se acordaba como se titulaba, ni quien la había cantado, lo unico que se acordaba era de la letra. Estaba un poco descontenta con la adquisición de la vitro. Le parecía que, desde que la utilizaba, el sabor de sus comidas no era el mismo. A lo mejor solo era el subconsciente que siempre le daba guerra al comprar algo nuevo. Cogió un poco de salsa con la cuchara, soplo dos veces y le dio un sorbo. Le hecho un poco de sal y siguió removiendo.


Doña María era una mujer por la cual pasaron los años pero sin dejar demasiada huella. A sus 53 años todavía presumía de unas piernas esbeltas sin defecto alguno y de su escote, que siempre era muy generoso. Desde que se levantaba por la mañana hasta que se acostaba por la noche, estaba impecable. Hasta a la hora de cocinar se ponía un bonito vestido y unos zapatos de Dior o Louis Vuitton de tacón alto, por supuesto ,para alzar la figura. El maquillaje siempre discreto pero a la vez sacando en evidencia sus bonitos ojos azules y sus labios carnosos y sensuales.

Habian pasado seis años desde que murió su marido. En el primer año, después de su muerte, se había gastado casi todos los ahorros, que no eran mucho tampoco, pero como no estaba acostumbrada a echar en falta nada ni siquiera pensó que eso se podría acabar. Sus tratamientos antienvejecimiento, las sesiones de estetica, las sesiones de masajes, etc. para todo eso necesitaba urgentemente una fuente de ingresos bastante considerable. Entonces empezó a pensar seriamente en su futuro y buscar alguna solución rápida para la situación. El primer paso que hizo fue echar a la mujer que le hacia las tareas domesticas. Luego por necesidad empezó a cocinar. Aunque no había trabajado en su vida, en poco tiempo cogió una habilidad impresionante para cocinar toda clase de carnes. Y como ella era una mujer elegante los platos también tenían a la hora de presentarlos la elegancia de la alta cocina. Un día se le presento por sorpresa una amiga justo cuando se disponía a comer. Como buena anfitriona invito a su amiga a quedarse. Y mientras comían y como la amiga no paraba de alabar sus dotes culinarios, se le ocurrió una idea. Para eso necesitaba urgentemente una sobrina y hablar con todas sus amigas . Lo más rápido para avisar a sus amigas era escribirles una carta y mandársela. Dependiendo de las respuestas recibidas sabria si podría seguir con la idea o no. Se puso manos a la obra informando a todas sus amigas de que tenia una sobrina que vino a vivir con ella y que ejercitaba de chef en un restaurante de alta cocina. Ella quería abrir su propio restaurante y como no disponía del dinero necesario, le pidió a doña María que la dejara alojarse en su casa, mientras reunía todo el dinero. Ella aceptó por supuesto y encima se le ocurrió que podría cocinar para ella, sus amigas y conocidas siempre y cuando ellas quisieran.Como a casi toda la gente con clase le gusta la alta cocina y como la oportunidad de tener una cocinera personal no se presentaba todos los días, accedieron a que la sobrina cocinara para ellas. Lo siguiente que hizo doña María fue preparar una carta de platos de carnes de lo más sofisticados con su precio correspondiente, que por supuesto inflo al máximo, sabiendo que sus amigas por no ser menos una que la otra, lo iban a pagar. También preparo una lista donde tenían que apuntar sus amigas los días cuando querrían la comida, con un máximo de seis clientes al día. Lo unico que faltaba ahora, era la sobrina. Cogió el teléfono y llamo a una agencia, solicitando una chica para las tareas domesticas.Al día siguiente por la mañana cuando la chica se presentó, doña María le dijo que solo tenia que venir una vez al día,poner el lavavajillas, la lavadora y quedarse hasta que se acababa el programa. Mientras, tenia que planchar toda la ropa limpia del día anterior, recoger un poco la casa y marcharse. Si alguien preguntaba algo que dijera a todo el mundo de que era su sobrina y que querría abrir un restaurante. Aparte del sueldo acordado, ella le daría todas las semanas una propinilla más.Ahora quedaba la parte más difícil. Ponerse a trabajar duramente unas cuantas horas al día. Pero era necesario, si no querría renunciar a sus caprichos. Al poco tiempo descubrió también una fuente que le proporcionaba carne de alta calidad a un precio inigualable. Asi es como empezó su aventura culinaria.

Desde entonces pasaron cuatro años y medio. Para sus amigas, la sobrina seguía viviendo con ella, consiguió abrir el restaurante pero a su petición y con el consentimiento de sus amigas que se acostumbraron tanto al toque unico y sabroso de sus platos seguirá cocinado para ellas.

Ese era el último encargo para hoy y estaba listo. Apago la vitro sin retirar la cazuela y llamo por teléfono para que se acercaran a por la comida. Casi todas sus amigas vivian en la misma zona, así que tardaban un máximo de quince minutos en venir a recoger la comida. Siempre se acercaba la criada, todas disponían de una. Esta vez solo tardo diez minutos en entregar el encargo. Ahora tocaba descansar y disfrutar de lo que quedaba de la tarde. Se quitó toda la ropa y justo cuando se disponía a entrar en la ducha, alguien llamo a la puerta. Se puso el albornoz de color rojo y perezosamente se acercó para abrirla .



- Hola¿Qué desea? pregunto al joven que se encontró en la puerta.

- Buenas tardes señora. Estoy aquí para hablarle de esta oportunidad única que se le presenta, para comprar al mejor precio esta impresionante colección de enciclopedias...

Doña María ya no le escuchaba , le estudiaba detenidamente . Era un joven rubio,no muy alto y un poco rellenito. Según su experiencia eran más tiernos que los morenos y hacia mucho que le tocaba uno.No dejaría escapar esta oportunidad.

- Vamos, pasa, le dijo. Ahora me las enseñas y llegaremos a un acuerdo.

El chaval un poco sorprendido, pero contento que por fin tendría un cliente, siguió a doña María al salón.

- Siéntate cariño, donde más te guste, le dijo enseñándole los dos sofás de piel blanca.

- Gracias.

- ¿Quieres tomar algo?Un refresco, un zumito que seguro que tendrás mucha sed con el calor que hace.

- No se preocupe, le contesto el joven todavía más sorprendido del trato que recibía.

- Venga, te traigo un zumito fresco, insistió doña María.

- Vale, si no le importa.

Contenta, doña María se marchó a la cocina, saco de la nevera una botella de zumo de melocotón y lleno dos vasos. Abrió uno de los armarios y saco un botecito metalico. Cogió un cucharadita del polvo que contenía y lo echo en uno de los vasos removiendo enérgicamente. Luego se acercó al congelador y con la llave que tenia guardada y pegada con celo debajo del bote de polvo, le abrió. Agarro una bandeja de cubitos de hielo mientras le echaba un ojo al contenido del congelador. Solo le quedaba una pierna, un brazo y la cabeza del joven testigo de Jehová que la habia visitado la semana pasada. Pues nada. Tocaba trabajar un poco más esta tarde.

- ¡Ya voy cariño!



por Sebastian Robas
Una idea original de Alberto López