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martes, 17 de marzo de 2020

Perdón

El mundo llora en silencio las perdidas...

Desgarradores gritos de impotencia ahogados por los aplausos, por las tardías medidas que no solucionan mucho por no decir nada, ahogados por los reproches, silenciados por la irresponsabilidad de muchos, que no entienden que esto no es un juego, no entienden porque aun no les ha tocado, porque aun no se han topado con el olor hediondo de la muerte que acecha en cada esquina.

El mundo llora en silencio a sus muertos, llora a los que dieron el ultimo aliento entre cuatro tabiques tristes o tras una inmunda cortina verde, únicos testigos silenciosos de su sufrimiento y soledad.

Madres, padres, abuelas, abuelos, hijas, hijos apilados cual sacos de patatas e incinerados en los hornos del horror sin despedida ni un ultimo adiós.

El mundo sufre, los llantos son reales pero insonorizamos nuestras paredes con rollos de papel higiénico y sacos de harina. No queremos saber nada de nadie, el sufrimiento ajeno nos importa una mierda y lo único que realmente nos interesa es llenar nuestras despensas y limpiarnos el culo.

El mundo es un asco...

Os echaremos de menos...mucho, muchísimo.  Gracias por cuidarnos, por auparnos, por inculcar valores, por abrazarnos, por acariciarnos, por protegernos. Gracias por vuestros consejos, por vuestras historias, por vuestra paciencia, por vuestro cariño y amor incondicional, por esas paellas o por esos cocidos de los domingos al sol.
Gracias por darnos la vida.
Gracias y perdón.
Perdón por no haber reaccionado a tiempo, por no haberos protegido.
En nombre de todos, perdón.


sábado, 14 de marzo de 2020

Efímero encuentro

Qué si, que era yo. 

¡Seguuuro! 

Soy el que sale en los vídeos de Youtube y en las fotos de Facebook, Instagram o Twitter.

Ya sé, no estabas segura y no te atreviste a decirme nada. No muerdo. No. A no ser que me enseñes un pezón. Pero no antes de charlar, de tomarnos algo, una caña, un refresco, un café o de las manos, por favor, soy un tío decente...ahora...creo...

¿Quien eres? Venga me lo puedes decir. Me has mirado como si me conocieras, te sostuve la mirada un momento pero luego seguí con mi camino. Sentí tus ojos clavados en mi nuca, hasta la vigilante se dio cuenta que me seguías con la mirada. Me analizó de arriba abajo, pero no le parecí guapo ni tampoco sospechoso, siguió con su ronda. Yo no me di la vuelta, debí hacerlo y preguntarte si me conocías de algo, pero justo entraba el tren en la estación y tenia prisa, prisa por desaparecer por si te debía algo o por si te dije que te llamaría después de una noche loca que no recuerdo. Bueno, pensándolo mejor, no creo, llevo mas de una década de total cordura y tranquilidad. 

Ahora no puedo dormir, no puedo comer, solo pienso en ti, en tu mirada que tanto decía. Cada vez que paso por la estación de metro de Chueca te busco esperanzado entre los rostros androginos que esperan en el anden.

La próxima vez atrévete, si no te veo yo y tu me ves, no te cortes, dime algo, dime al menos quien eres.

 ¡Que si, que era yo! 

¡Si! 

¡Era yo!

O a lo mejor no...