Poeta o narrador, triste o dichoso, abierto o cerrado, analista o soñador, etéreo
o muy pesado, religioso o pagano. Pudoroso o sensual, singular o mundano, intenso o apagado, actual o de antaño, intrigante o rotundo, agridulce o
salado.
Es un mar de sentimientos que me envuelve en sus brazos de
cristal, a punto de romperse en pedazos por cualquier simple gesto o
mirada por cualquier sonido que lo pueda estropear. No respiro
siquiera, no parpadeo, porque es como, siempre tú, bloguero, me estás dejado, envuelto en la
magia de cada letra que has pintado en tu cuadro en blanco y negro,
abriendo en tu alma sin querer o a propósito, un portal.
