31 de diciembre, falta menos de una
hora hasta las campanadas de fin de año. Ella acaba de llegar de
trabajar. Se está duchando. Mientras preparo las velas escucho el chorro de agua que envuelven
su cuerpo haciendo desaparecer el día agotador por la oquedad del
desagüe. Las enciendo y me enciendo al
pensar en su desnudez bajo la ducha. Me pidió que no entrara con
ella en la ducha, que la esperara paciente. Le hice caso aunque me
costara, bastante, la eché mucho de menos, la echo de menos, pero su
sonrisa picarona me hace obedecer, habrá sorpresa.
Se llevó la bolsa que traía del
trabajo con ella, en el baño. Un vestido de fiesta, pienso, no le
gusta repetir modelito en nochevieja, ni usar ropa interior que no
fuera recién comprada, todo nuevo, a estrenar igual que el año
nuevo que asoma sus dientes afilados nada alentadores.
El agua deja de caer y mis pensamientos
desaparecen, afino el oído pero no percibo muy bien sus movimientos.
Se abre la puerta del baño y me dice que no mire. No lo hago. Luego me
llama, yo también, queda menos de media hora hasta las campanadas,
insisto que se de prisa que aun falta preparar las uvas, las copas y
el champan. Ella se niega, me llama otra vez con voz ronca y
susurrante. ¿Quién puede resistirse a tal llamada? El tono lo dice
todo. Me acerco al dormitorio. No está. Está en la habitación
contigua, escucho su respiración. Paso. Me la encuentro sentada
encima de la tapa cerrada del piano. Sonrío. Su atuendo es
diferente, sorprendente, un piano andante, una piano.
“Tócame” me invita, y lo hago. No
hay campanadas de fin de año, no hay champan, ni uvas solo fuegos
artificiales... al final.
![]() |
| La piano |
Feliz 2013

