Estaba feliz pero confuso, porque no sabía si lo que
sentía era amor o lujuria. De todas las caricias que recibió en su corta vida,
él se quedaría con las de ella, suaves e inconfundibles roces sobre la piel de
su cubierta consumida. Esa noche, sin
embargo, ella eligió otra compañía, y él se quedó desconsolado en la
estantería.
No todo es mentira ni todo es verdad. En mi salsa, al natural o en escabeche... Blog incomodo... a veces.
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jueves, 8 de diciembre de 2011
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